La Belleza
Las bellezas prístinas, dulces e incansables son las que yo amo. Pero, querer, desear, necesitar, poseer, no son elementos que devienen directamente del amor. Las clasificaciones de BELLEZA que podríamos dilucidar, devienen en primer lugar de los siete elementos que constituyen toda la naturaleza; y en este caso, nos vamos a referir sólo al ser humano y en forma especial a las damas.
Ellas poseen una belleza externa física, cualquiera de ellas sea; depende de los ojos del artista que las pueda ver. Tenemos también la belleza energética, aquella que completa al ser humano en su fuerza y vitalidad, pero su actividad, su iniciativa, su constante plasmación de los objetivos planeados está basada en gran parte en esta bella energía que alimenta y da vida a todo lo existente.
Vemos ahora la belleza emocional y hasta pasional que es “un sueño sin ensueño”, pues al no lograr ser sueño es tan sólo un preámbulo del mismo: el ensueño; porque tampoco necesariamente es el Amor.
La lucidez con chispas de discernimiento y elementos de
conciencia es la belleza mental, aquella que para manifestarse utiliza la razón
y la lógica y esa es su capacidad administrativa para una claridad interna, es
la que muchas veces subyuga más y nos hace comprender la razón de la existencia
y sobre todo nos hace comprendernos paulatinamente, ya que un entendimiento
total es imposible, pues todavía no está plasmado en el mundo de los
arquetipos.
Hablar de los otros tres elementos superiores, como la belleza
de la mente pura; la belleza iluminada del elemento intuicional
denominado en la Filosofía de Oriente como BUDDHI o de la incansable y pocas
veces intuida y muchas menos veces plasmada, sólo a través de chispazos de la
belleza del Espíritu en la Naturaleza: qué somos nosotros, quiénes podemos
presentirla dependiendo del tipo de evolución conciencial con que contamos.

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