La fuerza del dolor
El Budismo
considera al dolor como el mejor vehículo de conciencia.
El misterio que fue
el propósito de su vida de uno de los más grandes seres abortados hacia la
Naturaleza “porque son semidioses”; me estoy refiriendo a Siddhartha Gautama,
denominado el Buda (aquel que ha alcanzado la ampliación total de la
conciencia, la Iluminación, que encarna en esta humanidad para dar una
enseñanza de acuerdo a la conciencia colectiva del momento histórico).
El deseo, decía el
Buda, era la causa del dolor: “siempre estamos deseando algo, fuese lo que
fuera”, pero, una cosa es el deber y otra el deseo (otro día hablaremos
con exclusividad sobre el deber y la diferencia que existe entre ambos). Se ha
considerado al Buda como un incapaz, ingenuo y a veces hasta de una lógica muy
básica, pero su trascendencia conciencial lo lleva a descubrir que después del
deseo, se obtiene el dolor (pero la verdadera esencia del dolor), así podemos
aprender a evitarlo y tener cuidado al dar el próximo paso, ya que sabemos qué
puede ser y que no tiene nada que ver con el deber que “debíamos hacer anteriormente”
y que habríamos podido evitar ese dolor (es un poco complejo, ya lo iremos
desmenuzando paulatinamente en su totalidad a través de estos artículos, más
adelante hablaremos “del dolor y el deseo y cómo estos dividen la comprensión
de la conciencia”).
El que conoce que u
acción, pensamiento u omisión es producto del deseo y lo cristaliza, obtiene
definitivamente dolor y agravado por conocer la transgresión que ha cometido;
el que piensa que puede manejar este deseo, porque cree tener algún
conocimiento de las leyes naturales, tiene casi las mismas consecuencias que el
primero, sólo porque “la ignorancia es atrevida” hay una
pequeña disminución del Karma y para no hacerla degradativa, mencionaremos al
último que desconoce totalmente lo que está haciendo, que incluso piensa que es
lo mejor para él y los que lo rodean, pero al final es egoísmo puro, ignorancia
total, muy pequeña ampliación de la conciencia (casi nada), ellos también
reciben las consecuencias de sus ignorantes acciones de una manera que les
pueda permitir si observan con claridad su erro, “no tropezar con la misma
piedra” (es decir, ya aprendió una Ley).
Entonces, la Psique
(El Yo) y la conciencia comprende la causa, que es la esencia que provocó ese
deseo y que al final descubre que fue incorrecto, porque no se concretizó lo
que buscó (pero a veces son años en que se manifiesta esta Ley del Karma, significando
muchas veces, que este pasar del tiempo, traerá más duras consecuencias al que
infringió la Ley de la Naturaleza: entendemos por naturaleza el aspecto
espiritual, conciencial, mental, emocional y físico, teniendo cada uno de ellos
sus diferentes mecanismos de esta ley de acción y reacción que es el Karma).
Pero el Karma, no es un elemento sancionador, es un elemento en esencia
corregidor, el que busca regresarnos al verdadero sendero de la vida de cada
uno, para prevenirnos en el futuro de no cometer los mismos errores y es así
que, de encarnación en encarnación, vamos aprendiendo a veces, de manera más
acelerada, pero en otros se lentifica.
A veces son años
que parecen ser invertidos inadecuadamente, porque en la mayoría, el dolor
genera desconfianza, egoísmo, miedo, separatividad, indiferencia hacia los
demás e inclusive hacia sí mismo.
Sólo al dedicarnos
a conocernos a nosotros mismos y tratar de ser mejores (pero de corazón)
logramos descubrir el Ideal, pera sabiendo que no lo podemos hacer solos, nos
transformamos en pequeñas Arcas de Noé (o Arcas de la Alianza) que buscan a sus
hermanos para hacerlo juntos creando inicialmente un núcleo de fraternidad
(fraternidad no es lo mismo que amistad); para que éste después, paulatinamente
con el devenir de algunas generaciones, se extienda a nivel mundial, ya que
este conocimiento es trascendente que viene desde el fondo de la historia,
convirtiéndose así, en atemporal.
A través del
consumismo y el materialismo terminamos muchas veces en una vejez que es del
Alma, porque sentimos que no hemos logrado el propósito del Ideal que sentimos.
Ni el 50% y menos
en la actualidad, sólo son algunos que están haciendo el esfuerzo de superación
que esto implica, los demás están haciendo actividades, estudios, trabajos, investigaciones,
etc. todo lo contrario de lo que sus facultades y valores internos le impelan
hacer es cuando esperando la muerte con miedo, con resignación, con un vacío
del Alma que tratamos de llenar con nuestras pequeñas conquistas materiales,
familiares y algunas amistades que concuerdan con nuestro falso parecer. Hoy
por las calles caminan tanto jóvenes, niños, adultos y ancianos, que han muerto
y nadie les ha pasado la voz: “la juventud no es un estado epitelial, es
un estado del alma”; por eso existen jóvenes – viejos y viejos –
jóvenes.
Y nosotros,
¿quiénes somos? ¿Qué pensamos? ¿Qué deseamos? ¿Conocemos nuestras fortalezas y
valores internos o tan sólo los paradigmas y modas del momento histórico que
vivimos, que nos hacen creer a través de los látigos de los modernos amos: la
publicidad y la propaganda y nos hacen pensar que eso es lo que nosotros
deseamos: los paradigmas y modas establecidas por el momento actual y por el
momento civilizatorio e histórico que vivimos? O nos hemos dejado convencer por
la ideología que impera en este mundo consumista, materialista y egoísta, que
nos impide ser nosotros mismos, nos nubla y la conciencia se reduce a lo más
mínimo, olvidando lo grande que ha conocido y vuelve a sufrir por las
pequeñeces que antes sabía y podía superar; pero, se vuelven más astutas…bueno,
sobre lo negativo (aparentemente destructivo), pero en el fondo la base de la
conciencia constructiva que en otro momento podríamos profundizar, para no
olvidarnos del tema específico que estamos tratando.
Es en la atencionalidad y
profundidad de la conciencia donde encontramos el tesoro de la de ampliación de
la ésta a través del dolor. Surge entonces, una energía de vivencia y de fuerza
especial; considerando además, que disminuye nuestro deseo y nuestra moral es
superada por nuestra ética; entonces, nuestras acciones no están en espera de
resultados: “las obras son de los hombres y el resultado es de Dios”,
claro, siempre y cuando estemos buscando un Ideal claro, fraterno y con amor.
Paulatinamente deviene
un agradecimiento al dolor, ya no una molestia ni un dolor destructivo, sino
que comenzamos a extraer la esencia del mensaje que nos ha dejado éste, para no
repetirlo en el futuro, ni ese error, ni similares, porque ya aprendimos
algunas leyes.
Se revierte en
nosotros entonces, una energía de desapego, es un fuego helado, pero el fuego
para qué es: para mantener el calor interno de la conciencia del hombre y hasta
de su elemento físico…”esa joven sí que tiene fuego en su mirada” y lo helado,
es nuestro desapego al mundo material, irreal, mayásico como dicen los indos
(maya=ilusión).
Se da como una
especie de despertar que la conciencia no logra hacer entender a la mente dual,
sujeta a los pares de opuestos, qué es lo que significa esta fuerza del dolor
que se entiende como el mejor vehículo de conciencia. Las preocupaciones, las
dificultades, los problemas, son los que correctamente comprendidos al estudiar
al hombre y a las Leyes Inexploradas de la Naturaleza (¡claro! pero debemos
comenzar con cada uno de nosotros).
La energía es tal,
le llamo energía por no saber cómo describirla, es como un Chi (tampoco es
exacto) que nos da una frialdad amorosa y una amorosa frialdad en las cosas que
hacemos; pero siempre en “búsqueda de la superación conciencial”
del discípulo que busca un cambio alquímico en todo su ser y el mismo Maestro
de su Maestro y así sucesivamente, entonces, el verdadero sentido que
encontramos en la fuerza del dolor: descubrimos que no son los resultados los
que cuentan, sino que: la entrega, la dación, el servicio y sobre todo el Ideal
que ya sabemos qué es, ya que lo hemos explicado. Es así como debemos
interpretar la idea correctamente que surge del gran pensador, filósofo,
profeta, avatara o la encarnación de la divinidad, el Buda, quiso decirnos
cuando mencionó que el “dolor es el mejor vehículo del Alma”
(alma=conciencia).
Luego, depende en qué nivel de conciencia esté comprendiendo
lo que es la fuerza el dolor y son muy pocos los que encuentran el tesoro
oculto de esta fuerza.
“ES EL AVE FÉNIX
QUE SE CONVIERTE EN CENIZA Y DE SUS PROPIAS CENIZAS RENACE NUEVAMENTE”
El Maestro

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